EL PELUCHE ABANDONADO

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EL PELUCHE ABANDONADO

Mensaje  Admin el Sáb Feb 21, 2009 5:17 pm

Como todos los días había salido para hacer mi pequeña caminata por el parque, no siempre iba a la misma hora. Sin embargo ella siempre esta allí, no se cuantas horas permanecía en aquel banco. Desde lejos veía su figura, sentada a la sombra de los árboles, de frente estaba la rosaleda y a su derecha el pequeño lago con los patos.

Como no sabia su nombre, en mi mente la tenia identificada como "la viejecita".
Hacia días que sentía deseos de acercarme, hablar con ella, hacerle un rato compañía... siempre estaba tan sola.

Ese día algo distinto me llamó la atención, sostenía en los brazos un muñeco, que de lejos no alcanzaba a identificar, parecía un peluche. Por un momento pensé que podía ser de algún niño, que estuviera por allí.

Según me iba acercando a "la viejecita" me fije en su cara, su piel era blanca, las arrugas al no estar muy pronunciadas, le daban cierta suavidad a su rostro. En su juventud debía haber sido guapa.
Seguí andando hacia ella, su figura era menuda, vestía una blusa blanca, falda negra con zapatillas del mismo color, muy aseada y bien peinada, su pelo era totalmente blanco. Permanecía aferrada al peluche con los dos brazos, lo tenía apoyado en su regazo. Miraba hacia el lago contemplando a unos niños que repartían pan entre los patos, parecía un poco triste, pero percibí un halo de dulzura en su expresión.

-Buenas tardes, le dije sonriendo, mientras me sentaba- . Ella se quedó sorprendida al ver que me sentaba a su lado-.
-Buenas tardes guapa, ¿como es que te sientas aquí?
- ¿Le molesta que lo haga?-
-No, no, me encanta, lo que pasa es que no estoy acostumbrada a que la gente joven se siente a mi lado, a los jóvenes no les gusta hablar con los viejos-
-Me dijo, esbozando una sonrisa-.
-Bueno yo no soy tan joven, y no me importa hablar con las personas mayores, además no me gusta llamarles viejos.
Miré al peluche color rosa, era un perro con orejas grandes, le faltaba un ojo, eso le daba cierto aire de tristeza.
Era inevitable preguntarle por él, pero no me dió tiempo. Ella rápidamente como si intuyera que yo le iba a preguntar, me contó, que lo había encontrado en un contenedor de basura esa misma tarde, le dió pena y lo recogió.
-Es bonito el peluche, está limpio y parece bastante nuevo, le dije siguiendo la conversación.
- Algún niño se cansó de él y lo tiró, o su madre decidió tirarlo- me contesto.
- Seguramente ha sido eso, a las madres a veces nos estorba todo, y no nos damos cuenta, la importancia y los recuerdos que puede tener un muñeco, para nuestros hijos-
- Además huele a colonia infantil- me dijo acercándomelo a la nariz.
-Es verdad... le dije a la vez que olía el muñeco-
- ¿Se lo piensa llevar a casa? Le pregunté.
Se quedó en silencio unos segundos, que yo respeté.

De repente me miró, me fijé en sus ojos eran pequeños y azules un poco apagados por la edad, podría tener 80 años. Con cierta tristeza, me dijo:
-Mi perro se llamaba Amigo, tenía un ojo de cada color, uno azul y otro marrón, parecía tuerto como este, pero no lo era. Me hacía mucha compañía, me obligaba a salir de casa, quiero decir, que gracias a él salía de casa-.
-Este peluche me recuerda mucho a mi perro, tiene la misma cara de tristeza que él, cuando lo encontré perdido en la calle-
-Quizá sea porque le falta el ojo, y eso le dá una expresión triste- comenté.
-No le he dicho mi nombre, ¿verdad?
-No- pues me llamo Lidia-.
¿Cómo se llama UD? ? Estrella- me contestó.
- ¡Ah! Estrella que bonito nombre-
- Me ha dicho que su perro se llamaba Amigo, ¿Es que se ha muerto?
-Si, se murió de viejo y le hecho mucho de menos, no sabe la compañía que me hacia, el me ayudo a superar una depresión. Juntos recorrimos este parque muchas veces, disfrutando mutuamente de los paseos, hiciera frío o calor, tenía que sacarle-
-Claro, los perros hay que sacarlos dos o tres veces al día, y eso le obligaba a salir, en invierno y en verano.
- Cuanto siento lo de su perro Estrella- le dije con tristeza.
-Sabe vd. Joven- no me tome por loca, pero yo hablaba con él- Si ya se que no me entendía todo, pero al menos me miraba con cara de agradecimiento, bueno... esa impresión me daba a mí, hasta parecía que me escuchaba. Parece que le estoy viendo, con la cabeza apoyada en la alfombra o en mis pies, mirándome mientras le hablaba, con esa mirada entre triste y cansina, cerrando de vez en cuando los ojos dormitando feliz-
-Seguro que la escuchaba y la entendía- le aseguré.
-Si, si, entendía mis órdenes, conocía mis movimientos y sabía cuando íbamos a salir. En fin... él en su lenguaje y yo en el mío nos entendíamos bastante bien-
Su voz se quebraba al hablar de Amigo, y sus ojos brillaron llenándose de lágrimas.
Nos miramos las dos y nos reímos, como para romper un poco la emotividad del momento.
-¿por qué le puso de nombre Amigo?- me atreví a preguntarle, temiendo que le pudiera provocar más pena.
- Era un amigo de verdad, me contestó moviendo la cabeza, más que algunas personas-
-Fíjese Lidia que un día me caí en la calle, perdí el conocimiento y cuando desperté estaba en el hospital. Nadie se percató del perro, él siguió a la ambulancia, y se quedó en la sala de espera de urgencias-
-Cuando recobré el conocimiento, pregunté por el perro, nadie sabía de él. Yo le daba por perdido. Ante mi desconsuelo y mi insistencia, la enfermera que era muy buena, mandó a alguien que lo buscaran por los alrededores, y lo hicieron-.
- Fué cuando descubrieron que estaba allí en la sala de espera. Lo habían intentado echar varias veces, pero el perro volvía una y otra vez-
-Que bonita historia Estrella, eso es lo que se llama tener buena estrella, no me extraña que le eche Vd. de menos.
-¿No ha pensado buscar otro perrito, para que sustituya a Amigo?-
-Pensé hacerlo hace tiempo, pero no me atrevo. En esta ocasión es probable que yo me vaya antes que él, y no me gustaría que se quedara solo, o que lo lleven a la perrera, y en el peor de los casos que se quede abandonado en la calle-.
yo la miraba, con un nudo en la garganta sin saber que decirle, su expresión era triste, pero resignada, como si ya no le importara morir, hablaba de irse... con toda naturalidad.

Seguía abrazada al peluche, mirando hacia la rosaleda. Intenté cambiar de conversación, hablándole de la belleza de las rosas de sus variados colores y del olor que llegaba por el aire. Pero ella quería seguir con la misma conversación.
-Aun recuerdo la cara de tristeza de Amigo cuando lo recogí en la calle, desorientado, muerto de hambre y de miedo, con heridas, se asustaba de todo lo que se movía. ¿Cuántas experiencias amargas abría pasado el animal?-.
-Entonces... por lo que veo, piensa sustituir a Amigo por el perro de peluche-.
-Si... ya se que no es lo mismo, es un muñeco, pero no dicen... ¿que los viejos somos como niños?- me dijo riéndose.
-Pues si, pienso llevármelo a casa, me hará compañía y hablaré con él, se que no me escuchará, pero me recordará a mi Amigo, estará siempre a mi lado, y aunque yo me muera y se quede solo, no sufrirá-
No supe que decirle, nos despedimos prometiendo que volveríamos a vernos.

Relato escrito por la participante Lunática en el anterior Maravillosos dálmatas
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